Chauen, de campo de refugiados a “meca” de la fotografía

Nos adentramos en los orígenes de la ciudad de Chauen, cuyo encanto y psicodelia cromática hoy han conquistado instagram. Una ciudad históricamente vinculada a la Península, que un día acogió a quienes huían de ella tras la conquista de Granada, último reducto político de Al-Andalus.

Enmarcada entre las montañas de el Meggú y el Tisoukka se encuentra la psicodelia cromática de Chefchauen. Una ciudad de cuento que, según la leyenda, nació del amor. Cuentan las lenguas populares que el emir marroquí, Sidi Ali Ben Rachid se enamoró perdidamente de Zhora, una joven española de Vejer de la Frontera (Cádiz). Con la conquista de Granada por los Reyes Católicos y el consiguiente fin de los reinos de Al-Andalus, los enamorados se exiliaron a una pequeña población bereber emplazada en la ladera de una montaña al norte de Marruecos: la hoy popular Chefchauen. Los ojos de Zhora irradiaban añoranza por la tierra que la vio nacer, crecer y enamorarse, ante su mirada de tristeza Rachid respondería recreando en su nuevo hogar el pueblo de su amada, dándole la estética del típico pueblecito andaluz.

Chauen proviene de la palabra shawen, que significa «cuernos» en bereber, y hace referencia a las mencionadas montañas que dominan la ciudad. El nombre oficial marroquí Chefchaouen (Shifshawen), significa «mira los cuernos». Este se tradujo al español como Xauen, aunque últimamente se viene utilizando más el término Chauen.

El comienzo

Chefchaouen fue fundada en 1471 por los jerifes  abu Yumas el-Alami y Mulay ben Rachid con el fin de frenar la invasión de Portugal, en un momento en el que Tánger y Assilah ya habían sido ocupadas. La elección de este enclave no fue al azar, sino que se trataba de un lugar de difícil acceso que dominará la ruta Tetuán-Fez. La fundación de la ciudad comenzará con el-Alami en el margen izquierdo del río y, a su muerte, será su primo Ben Rachid quien continuará expandiéndola por el lado derecho.

Ali Ben Rachid fue quien, con la construcción de la Kasbah y la residencia de su familia, dio vida al primer barrio de la Medina: Sueka. Rodeada por murallas con numerosas entradas, Chauen no tardaría en convertirse en un destino popular que acogería a gentes de origen diverso. Podría decirse que el Chefchauen turístico de hoy es el campo de refugiados del ayer, cuando acogió a los moriscos y sefardíes que fueron expulsados de España tras la toma de Granada (1492).

Al inicial núcleo de Sueka se irán añadiendo otros barrios que acabarán por configurando la ciudad hasta otórgale la forma que tiene en la actualidad. Aquí, los siglos XV y XVII fueron cruciales. Durante este periodo, debido al constante influjo de moriscos y sefardíes que habían sido expulsados de España Chauen vivió gran prosperidad. Chefchauen conoció tres éxodos andaluces durante el periodo de Moulay Ben Rachid, y un gran éxodo en tiempos de su hijo Mohammed. Es precisamente debido a las gentes que fueron poblando y dando forma a la ciudad por lo que Chauen respira ese aire andaluz que inunda sus calles hermanándolo con los pueblos del sur de la Península. Quienes llegaban traían consigo tradiciones y costumbres que marcarían su desarrollo y dejarían huella en su arquitectura: casas con muros anchos, tejas de barro, balcones de forjas, etc. Poco a poco se convertiría en una especie de réplica de Al-Andalus tanto a nivel cultural como arquitectónico.

Un descubrimiento de carnaval

Chefchauen se trata de una de las ciudades santas del Islam, lo que hizo que su acceso estuvo restringido a los no musulmanes hasta 1920 haciendo de ella un lugar misterioso y poco conocido durante siglos.

Esta realidad provocó que los más curiosos y aventureros cruzasen sus murallas ocultando su identidad bajo disfraces. Charles Foucauld fue el primer hombre conocido que se adentró en la ciudad cobijado en su disfraz de rabino (1882).

Después, entrarían otros como el corresponsal de The Times en Tánger, Walter Harris,  vestido de cabileño, y el misionero norteamericano William Summers. Los disfraces fueron también los encargados de acabar con el aislamiento cuando el teniente coronel español Castro Girona entró en la medina disfrazado de carbonero y “negoció” la rendición de la ciudad (15 de octubre de 1920). Los españoles ya contaban con el Protectorado nominal de la zona desde 1912. 

“Eran las seis de la mañana cuando llegaba; a aquella hora, los primeros rayos de sol, dejando aun en la sombra las masas oscuras de las altas cumbres que dominan la ciudad, doraban apenas las puntas de los minaretes; el aspecto era de una belleza irreal: Con su viejo torreón de aire feudal, sus casa cubiertas de tejas, sus arroyos que serpentean por todas partes, podría uno haberse creído mas bien ante un burgo apacible a orillas del Rhin, que ante una de las ciudades más fantásticas del Rif”.

Charles Foucauld describía así su fascinación por la ciudad

Víctima de la colonización

La relación colonial que entre Chefchauen y la Península comenzará en 1920 con su mencionada ocupación y terminará en 1956. En estos años, protagonazaría uno de los episodios de la Guerra del Rif. Con el levantamiento de Abd el–Krim, el 15 de Noviembre de 1924, la guarnición española compuesta por 10.000 hombres abandonó su posición en la ciudad descendiendo por el Valle de Beni Hassan. El político y líder militar rifeño Mohamed ben Abd del-Krim que encabezó la resistencia contra la colonización española y francesa, entraba triunfal en la ciudad. Chauen pronto se constituyó en un bastión importante en el nuevo orden político que el líder rifeño comenzaba a instaurar. Sin embargo, la ocupación por Abd el-Krim duró menos de 2 años, ya que en agosto de 1926, tras el desembarco de Alhucemas la ciudad sería ocupada de nuevo por la tropas españolas hasta la independencia de Marruecos (1956). Desde entonces, a diferentes ritmos, la ciudad ha continuado creciendo.

¿Y el color azul?

Sin duda aquello que caracteriza esta pintoresca ciudad dejando huella en la memoria de todo el que la visita es el azul de sus paredes, y la peculiar gracia con la que este se entremezcla con los llamativos colores de las piezas de artesanía y las frutas que inundan las calles de la ciudad.

Pero ¿a qué se debe? Muchas han sido las respuestas a esta pregunta, pero hay dos que destacan sobre el resto. Por un lado, hay quienes dicen que este color se debe a los judíos que fueron instalándose en la ciudad. Que fueron ellos quienes, con la intención de mantener su prácticas religiosas y culturales y diferenciarse del color verde empleado por los musulmanes, pintaron las paredes con este color. En sus creencias está la idea de que el azul representa al cielo, lo que a su vez hace a las personas recordar a Dios. En este sentido, hay quienes afirman que hasta no hace mucho sólo estaban pintadas las pareces de la zona judía de la medina, la Mellah, mientras que el resto eran blancas. Por otro lado, se afirma que los tonos azules que invaden las paredes de Chefchaouen responden a un intento por ahuyentar a los mosquitos. Junto a estas dos teorías se encuentran otras explicaciones como la de mantener las casas fresquitas; representar el color del agua o atraer a los turistas.

Todo el camino recorrido por la ciudad ha hecho de ella una ciudad de cuento. Xauen nos permite realizar un viaje completo en todos los sentidos, deseable tanto para los amantes de la montaña y la naturaleza como para quienes disfrutan perdiéndose entre las calles de una medina con tanta historia y encanto, disfrutar de su distintivo cromatismos, de sus gentes y su artesanía.